Aceleradores de partículas. Casi ciencia ficción 💫

Un acelerador de partículas es un instrumento de investigación científica construido para utilizar los campos magnéticos. Y así poder darle una velocidad artificial a las partículas que se están investigando, con la finalidad de hacerlas chocar entre sí y con otras partículas de una manera constante.

Bien hagamos algo de Periodismo Alternativo y ciencia para curiosos para aclarar conceptos.

Esto que explicado así en dos líneas puede parecer banal y bastante simple, es algo de importancia total en la física cuántica. Porque basa toda su teoría en la comparativa de los campos dimensionales y la investigación del origen del universo. Chocando y volviendo a chocar partículas entre sí, se generan multitud de nuevas partículas que por regla general son muy inestables.

Su existencia física dura milésimas de segundo, pero permite a los científicos estudiar de manera detallada las partículas que fueron colisionadas por medio de las que fueron generadas.

Curiosamente basado como tantas otras cosas en un estudio inicial del fabuloso Nikolai Tesla el acelerador actúa de manera similar a como actúan los rayos cósmicos sobre la atmósfera terrestre. Estos rayos producen una ingente lluvia de partículas de energía. Éstas, poseen una información absoluta sobre todo el origen de la vida. En cada una de ellas, se encuentra información suficiente para desenmarañar (con los instrumentos adecuados) todo el secreto del universo.

“Y los científicos pretenden mediante la creación artificial de estas partículas en un entorno controlado, encontrar respuesta al origen del Big-Bang. A su expansión. Su aceleración. A la forma del universo. La existencia de mundos paralelos y de dimensiones que hasta ahora solo se contemplaban en la imaginación de literatos de ciencia-ficción. Y hasta la posibilidad de comprender que tenía Dios en mente cuando hizo todo esto. ¡Incluso solicitar una audiencia con el propio dios para que nos lo explique en persona! Cuánticamente hablando, se entiende.”

Mediante los aceleradores, se calientan al máximo una serie de filamentos a los que se les añade una corriente eléctrica de voltaje similar al de un rayo producido en la atmósfera. Al aumentar la temperatura aumenta la revolución de movimiento de los electrones y a partir de aquí se sucede lo inexplicable.

Las partículas pueden unirse, aparecer, desaparecer, crearse, morir, renacer y hasta abandonar este plano dimensional en una suerte de baile energético. Momento que aprovechan los científicos para observar y teorizar sobre su velocidad, y los lugares a los que son enviadas estas partículas.

A mayor aceleración, mayor investigación.

Los aceleradores de hadrones (como el de Suiza) son de hecho los indicados para los estudios atómicos, mientras que los descendientes del tubo catódico (como el de la TV) servirían para analizar las partículas más grandes y utilizarlas en tecnología de comunicación o rayos X, por ejemplo.

Meternos en explicaciones cuánticas sería aventurarnos en campos sin fin. Pero valga decir que teorías, como la de cuerdas, la de la realidad creada por el observador o la existencia de universos paralelos y hasta realidades alternativas, han surgido de la investigación con aceleradores. Estos, como bien decía Albert Einstein, son la prueba irrefutable de que todo en este universo es en realidad, relativo. Lo cual no deja de sorprender a un aprendiz de cosas eterno, como soy yo.

 

 

 



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