Cerrando persianas

“Existe una frase en inglés que cita: There’s never a forever thing”. No hay nada que dure para siempre. Y parece ser que ese nada le ha tocado a este proyecto al que tanta ilusión y esfuerzo puse en su día”

Así que es hora de ir cerrando persianas. Cuando abrí esta web, su canal de YouTube y su página en Facebook estábamos en plena pandemia. No había conciertos a los que dedicar mi tiempo y pensé que sería un apoyo perfecto para mis libros. Desvinculando mi página web musical en inglés de mis proyectos como periodista en español. Y así, me inicié en una vieja pasión que tenía olvidada y relegada por dedicarme a mi música y al diseño, que son mis principales y productivas fuentes de ingresos.

He intentado que esta página se mantuviese económicamente sola mediante anuncios de Amazon y otras empresas. Pero el esfuerzo y trabajo es mayor que los ingresos. Y aunque muchos de mis artículos ya estaban escritos de hace años, he debido actualizarlos, editarlos para subirlos aquí y buscar fotografías que encajasen con ellos. Además de generar contenidos nuevos como las críticas de libros, las trabajosas entrevistas que dan tanta dificultad de hacer y mis críticas musicales. Lo echaré de menos.

La mayoría de gente que toca temas similares a los que yo toco son piquitos de oro que venden hermosas semi-verdades disfrazadas de coaching y le sacan un rendimiento importante a este medio. Pero a mí me revienta ser un gurú vende humos y me he negado desde siempre a entrar al trapo. Por lo que mis ideas espirituales de trascendentalismo no venden igual que el maldito coaching de moda. Aunque éstas sean mucho más honestas y auténticas.

Como me dedico a crear y posicionar mis propios proyectos online, se me ha dado bien posicionar en número uno y por encima de importantes medios de comunicación este humilde blog. Con algunos hashgtags relacionados con el humanismo y el periodismo alternativo he podido subirlo arriba en Google.

Pero entre que tengo que mantener los costes de esta web de mi propio bolsillo y que no tengo tiempo para dedicarle a esto, he tenido que meditar sobre los pasos a seguir. Y he llegado a la determinación de que mi tiempo vale demasiado para que en plena era de la modernidad donde lo que impera son las chorradas, mi extenuante trabajo antropológico quede relegado a unas minorías demasiado minoritarias.

La gran mayoría de personas, simplemente no quieren leer. Y si leen buscan bonitas mentiras que les den esperanzas. En un mundo tan caótico como este, no les culpo. La verdad duele demasiado para que te la estén continuamente recordando.

Si a esto le sumamos que después de la pandemia han vuelto los conciertos, escribir canciones para artistas de todas partes del mundo y dirigir mi empresa online, el estres me está saturando. No doy para más. Cierro persianas con todo el dolor de mi corazón. Y probablemente mi vía de trabajo en el periodismo quede relegada a algunas colaboraciones en radio y poco más, ya de manera definitiva. Escribir para casi nadie es agotador y frustrante. En un solo y simple concierto tengo siempre más feedback que en meses escribiendo en este blog. Triste.

Podría haber impulsado el canal de YouTube, desde luego. Pero entonces ya no hubiera podido dedicarme a mi música. Y eso, amigos míos no va a pasar. La música es lo más primordial en mi vida. No sólo porque para mi es muy productiva en todos los aspectos. Es que si no canto, actúo y escribo canciones, no puedo respirar. Es mi vida. Es lo que de verdad, de verdad, de verdad soy.

El periodismo es un hobbie y una carrera que estudié en su día. Y la espiritualidad es algo demasiado personal como para montar un negocio alrededor de ello como han hecho otros. No va conmigo.

Dicen que a la tercera va la vencida. Y esta ha sido la tercera vez que he intentado dirigir mi propia publicación periodística. Es extenuante. Incluso si no tienes fechas de entrega de las publicaciones has de seguir subiendo cosas para que el Google de las narices te posicione y tengas lectores. Si sólo te dedicas a esto vale. Pero si mi música ha de padecer por ello, no puedo permitirlo. Y estaba empezando a pasar.

Mis proyectos empresariales son los que me pagan las facturas y me ayudan a impulsar la música. Necesitan atención constante. Y la música me funciona muy bien, cada día crece más y me hace muy feliz. Y como he dicho aquí muchas veces, uno ha de hacer lo que le hace feliz siempre. Incluso si para ello hay que hacer grandes sacrificios como este. Una lástima.

Go big or go home! Que dicen los sajones. Haz las cosas a lo grande o no las hagas. Y esto, no ha podido hacerse. Gracias a los pocos resistentes que han seguido este proyecto minoritario. Se ha intentado, pero no pudo ser. Un gran abrazo. ¡Nos vemos por los escenarios!