¿Creer o no creer?

“No es ningún secreto que acostumbro a ser honestamente crítico con toda esta nueva horda de gurús del positivismo mágico. Creo que campan a sus anchas por las redes sociales diciendo casi lo primero que se les viene a la cabeza. Mezclando conceptos espirituales con desarrollo personal, algo de filosofía y demasiado esoterismo de salón”.

¿Creer o no creer? Esa es la cuestión, por eso. Porque parece que ahora todo es válido entre tantas cosas que se dicen con tal de hacer crecer a cualquier precio tu cuenta social de moda. Pero obviamente, cuando el río suena agua lleva. Y tarde o temprano, algunas verdades se cuelan por entre tanta cháchara fácil. Ha pasado y pasará siempre a lo largo de la historia.

A cualquier seguidor honesto del trascendentalismo. O a cualquiera de los sinceros interesados en la búsqueda espiritual, es de buen seguro que les rechinan muchos de estos conceptos que se repiten clónicamente hasta la saciedad en su intento de generar, cada uno a su modo, su propia legión de seguidores que digan amén a todo lo que el iluminado de turno les dice.

No tengo nada en contra con quienes buscan tener legiones de seguidores. Es más, me parece genial. Y no me quejaré si una legión de seguidores decide volcarse a seguir mis ideas, mi música o mis libros cuando así lo quieran. Es algo muy lícito, apreciable y normal. Siempre que sea algo honesto.

“Lo que me sorprende es que se mezclen creencias ancestrales, basadas en estudios espirituales muy profundos. Experimentados a lo largo de los siglos por maestros espirituales muy sensatos, con el ritual de moda del vasito de agua y la vela que hará que se cumplan todos tus deseos. Y que encima vayas tú, con tu inocencia nacida de la necesidad que todos tenemos de obtener una vida mejor, y te lo creas.”

Abre los ojos. Piensa por ti mismo. Analiza. Hay cosas que no tienen mucha lógica si les prestas la debida atención.

Yo soy el primero que escribió mi libro La Melodía de la vida, basado en muchos de estos conceptos como los que propone Rhonda Byrne en sus libros. Son ideas que ya existían y sobre las que habían corrido ríos de tinta antes de que yo, o la señora Byrne estuviéramos cambiando de pañales.

Desde los conceptos espirituales del budismo y el janinismo. Pasando por la filosofía clásica de Platón o Aristóteles.  La reforma protestante religiosa de Lutero. El ecologismo trascendentalista de Thoreau, Emerson y Whitman. Hasta la no-violencia de Gandhi. O la espiritualidad lógica y positivista de mi admirado Wayne Dyer. Todos ellos hablaron ya de estos mismos conceptos en un modo u otro.

Pero que todo este superhabit de nuevo esoterismo que abunda hoy en día tenga mucho de superchería no significa que debas volverte un ateo intransigente. Ni un negacionista de todo lo que esté relacionado con el mundo espiritual. Espiritualidad y esoterismo no es lo mismo.

Sólo hace falta un poco de interés intelectual para aprender a separar la superstición de la auténtica filosofía y por ende, el espiritualismo honesto.

El verdadero iniciado siempre combina sus creencias -por disparatadas que puedan ser inicialmente- con la sensatez y la auto-crítica. Se apoya sobre teorías demostrables y en el caso de hipótesis dudosas, se inclina al escepticismo, aplicando conceptos como el de la navaja de Ockham y el principio de parsimonia.

Desde ese escepticismo, se autoanaliza. Estudia. Observa. Escucha diferentes puntos de vista y saca sus propias hipótesis. Que quedan en la cartera de las “posibilidades” hasta que se encuentre manera de demostrarlas.

La Fe del que analiza es tan fuerte o más que la de la oveja ciega que acepta sin más cualquier doctrina o teoría.

Pero su razonamiento es prudente, sereno y paciente. De esta manera, lo espiritual se convierte en ciencia. Y la ciencia siempre se asienta sobre bases sólidas que se encaminan hacia una respuesta permanente. Es el primer paso para la autenticidad.

Siempre he sido un hombre de profunda Fe. Antes de abrazar el budismo y finalmente adentrarme en los caminos del trascendentalismo, yo era un católico más. Sólo que me apasionaba la figura de Jesús y me interesaba todo lo relacionado con la historia y la religión católicas.

Al mismo tiempo, me encantaba el tema OVNI. Compraba cada semana un par de revistas relacionadas con el tema. Y de ser posible, algún libro también caía bastante a menudo. Eran años en los que aún se leía en lugar de mirar cacatúas haciendo tonterías en redes sociales.

“En esas revistas -dirigidas por periodistas que luego se tornaron en profesores e incluso en buenos amigos cuando finalmente nos conocimos- se abordaban temas de misterio. Espíritus. Psicofonías y viajes astrales, con la misma naturalidad que se hablaba del último y riguroso descubrimiento científico de moda. Luego yo mismo realicé programas de radio sobre el tema y trabajé de redactor en algunas revistas similares.”

Lejos de volverme un defensor de estos temas a ultranza, me fui convirtiendo cada vez en una persona más prudente. El Periodismo Alternativo, el humanismo y la espiritualidad orientalista me abrieron una perspectiva nueva. Y finalmente mi interés se tornó más analítico. Sobretodo porque abordar el mayor misterio de todos -el ser humano- se volvió una verdadera pasión gracias a la antropología.

Pero si alguien se compró todas las motos habidas y por haber sobre temas mágicos, leyes de atracción y similares, fui yo en mi juventud. Y por suerte, estudiar, aprender, analizar y una honesta auto-crítica me libró de ser un charlatán más de los que abundan hoy en redes sociales.

Y como dicen en la maravillosa Galicia, las meigas, haberlas, hailas. Pero ni todo son meigas, ni las meigas vuelan tanto como se rumorea. Y si mantuviésemos más los pies en el suelo, pero con la vista alternada entre suelo y cielo, veríamos más realidades de las que nos intentan vender por ahí.

“¿Creer? Sí, por supuesto. El espíritu humano se inclina hacia lo trascendental. Porque intuye, conoce y sospecha que debajo de la realidad se encuentra una verdad ancestral por desvelar. Pero creer con sensatez. Creer con libertad de análisis. Separando el grano de la paja. Aplicando el método científico. Que no es otro que el mismo que aplicaron Buda,Lao Tze, Confucio y otros tantos maestros espirituales de la antiguedad.”

Como decía Somerset Maugham en su inolvidable novela. Entendiendo y conociendo que el camino de la liberación y la sabiduría es como andar sobre el filo de una navaja. Que no es oro todo lo que reluce. Que los atajos fáciles acostumbran a ser bonitas mentiras.

¿Que los milagros existen y pueden ser creados? Por supuesto. Pero sólo desde cierta clase de forma.

Ser literal en el mundo de las creencias, es dar un paso hacia el abismo. Porque todo es un tapiz de matices y piezas inexactas que deben encajar en el lugar y el tiempo adecuados. Y siempre según los fundamentos universales de la creación.

Como dice el budismo, todo el poder que necesitas para cambiar tu vida se encuentra en ti y nunca en los rituales ni sus utensilios. Éstos solo son un arquetipo representativo. Y que a veces cuesta una vida -o más de una- alcanzar la verdadera realización. Y que a veces, no conseguir al cien por cien lo que uno quiere es una gran suerte. Que no te vendan motos.

 

 

 


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