Donosti. Misterio y belleza 🍀

“Con la llegada de las fiestas navideñas y la entrada del nuevo año, muchos buscan viajar a lugares que se diferencien de los demás de manera especial y dejen una impronta imborrable en la memoria. Ya sea por sus paisajes, su gente o su magia propia. O todo a la vez”

Donosti tiene en estas fechas y siempre, el atractivo de parecer una ciudad llena de misterio y belleza. Dispuesta a ser descubierta en cualquier momento. No importa el día que llegues a ella. El sabor a sal del cantábrico se viste de fiesta, abriendo las puertas al viajero para dejarse conocer por dentro y por fuera.

Así que no puede haber mejor excusa que esa para escaparse unos días y comenzar el nuevo año visitando ese rincón de Guipuzkoa que ha acogido desde harto antiguo a poetas, artistas, soñadores y buscadores de lo místico a partes iguales.

El sabor del mar está presente en cada rincón de Donosti“El carácter donostiarra es dado a la amabilidad. Pero no una amabilidad turística, forzada, interesada según el momento que corresponda. Se trata de una amabilidad natural, humilde, dispuesta a compartir. Quizá sea por la costumbre de compartir esos deliciosos pintxos que ya son un referente internacional de la cocina vasca. A mi parecer, sinónimo de calidad y sabor.”

Aún siendo una ciudad relativamente pequeña en comparación con otras capitales europeas, posee la extensión perfecta para una visita cómoda y relajada.

Siglos de historia avalan una arquitectura a medio camino entre una Europa clásica y un estilo rural puro y absolutamente autóctono.

Las influencias de los circundantes caseríos, tan típicos de Guipuzkoa, se entretejen junto a estilos neogóticos y la modernidad más apabullante de una ciudad que sabe conjuntar perfectamente actualidad y tradición.

Desde el imponente Ayuntamiento, bañado por la sal de La Concha. Pasando por la Iglesia de San Vicente, que es el templo más antiguo de la ciudad. Haciendo parada en la barroca Basílica de Santa María, en la calle 31 de Agosto. Descubriendo la colorida Plaza de la Constitución. Encandilando los sentidos con la Catedral del Buen Pastor, una pequeña joya expiatoria al más puro estilo de la Europa medieval. Hasta la modernidad más absoluta y elegante que encontramos en el internacionalmente famoso Kursaal. Con un toque de estructura nórdica muy a la escandinava.

Salir de “pintxos” por Donosti es caer preso del sabor del norte.

El único hándicap es que no es precisamente un “hobby” barato. Los pintxos, aún degustándose a la manera tradicional –esto es, un zurito o txacolí y un solo pintxo por taberna- acaban siendo un gasto considerable para los bolsillos poco dados a ensanchar. Así que mejor no vayas con remilgos y rasca un poco tu cartera, que no estás en cualquier sitio y la ocasión lo merece. Vale la pena el esfuerzo.

Si aún así te cuesta abrir el puño, siempre puedes limitarte a degustar poco a poco. Visitar al menos uno o dos de sus tabernas cada uno de los días que permanezcas en la ciudad. Ir a San Sebastian y no comer pintxos es casi cómo no haber ido.

De visita obligada son las playas de La Concha, Zurriola y Ondarreta. Y si tenemos tiempo y las mareas lo permiten, una escapada a la Isla de Santa Clara culminará con originalidad un viaje lleno de matices.

Si buscamos naturaleza, subir al Monte Ulía (antiguo puesto de avistamiento de ballenas) nos llenará los pulmones de aire limpio y fresco. Monte Igueldo es más turístico, pero no por ello menos interesante.

El parque de atracciones de Donosti es el más pintoresco de europa“En él, se encuentra aún hoy el curioso, vetusto y menudo parque de atracciones, Probablemente el más antiguo de Europa y el que a sí mismo, conserva las atracciones más antiguas. Hoy en día nos pueden parecer desubicadas, pero es precisamente ese encanto victoriano y ese aire con tintes casi irlandeses que se respira en mucho del patrimonio cultural de Euskadi, el que lo decora con un tinte de exotismo único.”

Pienso que como estandarte del Periodismo Alternativo y humanista, este lugar me encaja al dedillo en el blog. Porque aquí la historia, la cultura, lo tradicional, la naturaleza, la gastronomía casera y la belleza se dan cita a partes iguales.

Me puedo imaginar a un Whitman que en lugar de ir a New Jersey, se hubiese retirado tranquilamente a pasear por los parajes de Donosti para acabar sus días inmerso entre poesía y naturaleza.

Desde Donosti como centro neurálgico podemos abrirnos de miras y visitar auténticas obras de arte de la naturaleza como los Flysch de Zumaia, la impresionante costa de Guetaria, y  la maravillosa desembocadura del río Bidasoa en Hondarribia. Desde la cual, Francia está más cerca que la panadería de tu barrio.

El Santuario de Nuestra Señora de Arantzazu es un lugar rebosante de magia y misterio“Me gustaría hacer mención especial al Santuario de Nuestra señora de Arantzazu, en Oñate. Aunque no tengas intereses espirituales ni religiosos de ninguna índole, si este lugar no conmueve tu alma, nada lo hará. La soberbia luz, la calmada naturaleza, el callado silencio y la arquitectura casi como salida de un relato de Tolkien impresionan de una manera extraordinaria. “

Tanto que sin pretenderlo puedes simple y llanamente experimentar el síndrome de Stendhal. Y no es broma. Pocos lugares impactan con tanto misterio como este impresionante lugar.

A decir verdad, se pueden gastar ríos de tinta en alabanzas de una ciudad tan llena de magia y encanto como esta. Pero lo mejor es descubrirla. Vale, que sí, que puede parecer un tópico, pero es la pura verdad. Y lo sabes… o deberías.

Hay que perderse con tranquilidad por sus calles sabiendo que llegarás a buen puerto y conocer cada rincón, que guarda una personalidad tan especial como la de sus habitantes. Guerreros pero hospitalarios, defensores a ultranza de su identidad única pero abiertos al mundo. Con contrastes, sí. Pero son los mismos contrastes que hacen de ella el lugar en la que todo artista, poeta o soñador quiere quedarse, enamorado del viento y las olas del tiempo.

Recomendable: Ves preparado para la lluvia. El tiempo puede cambiar rápido dependiendo de la época del año

Imperdible: Salir de “pintxos” por las tabernas vascas. El Txacolí es un clásico y el vino de Rioja corre como la espuma.

Interesante: Subir a los montes y contemplar el horizonte. Es como si el mundo se detuviese ante un mar insondable.

Si tienes tiempo: Visita alguna de las ciudades y pueblos de Guipuzkoa. Zumaia es un sueño nórdico que no imaginas encontrar. Zarautz tiene el encanto del mar a flor de piel y Hondarribia es una cita que no puedes perderte. Escápate a Aránzazu y vive el misterio, la magia y el sobrecogimiento en la catedral más extraña y mística imaginable.

Un consejo: Huye de los bares para turistas. La gastronomía vasca es excelente, sería una pena que gastases el dinero en bares para turismo cuando puedes comer como un rey en cualquiera de los restaurantes tradicionales.

 

 

 





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