Doppelgänger

“El término en sí mismo parece invocar a alguna clase de diabólico ser de los avernos surgido de una de esas imposibles novelas de Lovecraft. Donde el terror gótico alcanza su mayor exposición y el detallismo literario se funde con las más oscuras e inverosímiles narraciones”

Doppelgänger es en realidad una expresión en alemán que fue acuñada por el escritor Jean Paul en 1976. Y su traducción vendría a ser algo así como “aquel que camina al lado”. Aunque algunas fuentes de traducción prefieren incidir en el vocablo “anti-hombre”. Como aquel que se opone a la esencia de lo verdaderamente humano. Tal y como el gran Dostoievsky apuntaba en su novela El Doble.

Y este Doppelgänger haría referencia en realidad a una especie de doble malévolo, diabólico y espectral de una persona viva. Una idea -la del doppel (doble) gänger (caminante)- que en las tradiciones nórdico-germánicas sería un visión antesala de “la parca”. Algo similar a como la Santa Compaña gallega es portadora de augurios nefastos y avisos de muerte. Sólo que en este caso hablaríamos de un ente solitario, malvado y gemelo idéntico de otra persona.

Como un reflejo, Este gemelo malvado se presenta muchas veces como una especie de ser apático y de malévola mirada“Este gemelo malvado se presenta muchas veces como una especie de ser apático y de malévola mirada. No parece actuar por sí mismo en la mayoría de los casos. Simplemente se aparece entre el frío del miedo y el silencio y parece ser portador de una temible y enigmática maldición.  Y de manera inexorable y paulatina va ocupando el espacio del humano original. Lo hace quedar como el falso ante la sociedad cuando el falso es él.”

Finalmente se apodera lentamente de su vida y esencia vital hasta que éste muere y el Doppelgänger se apropia de su personalidad instaurando así un nuevo demonio de carne en el mundo real. Casi parece una edición clásica de un telediario.

Repasando una vez más la maravillosa serie presentada por Morgan Freeman The story of God (la historia de Dios) no he podido evitar hacer un paralelismo entre muchos de los conceptos que se tratan en la serie y los tiempos que nos han tocado vivir. Fríos, apáticos y sin empatía, nos adentramos cada vez más en una sociedad Doppelgänger. Donde el gemelo indolente de aquello que solíamos ser va instaurando su reinado y acabando con la esencia vital de aquello que nos hacía humanos.

Que el mal ha sido una constante en esta raza de simios parlantes a lo largo de la historia es un hecho indiscutible.

Ya sea por un defecto genético cerebral o por causa de los “espíritus malignos” de los que hablan las principales religiones del mundo, esto es y ha sido así desde que nos empezamos a pensar que éramos dueños de este mundo. Puede que desde antes incluso.

Pero es ahora cuando el clásico mal que ya sabíamos patente en algunas personas ha dado un paso más. Y ese mal perverso y demoniaco que siempre fue potestad de magnicidas. Que siempre se da por igual en dictadores, desequilibrados y dementes varios, ha evolucionado hacia la “doppelgängerización” de la sociedad en general.

Un mal displicente, descolorido y distante. Un mal que afecta a nuestro vecino, a nuestros familiares y a nosotros mismos. Que va ocupando nuestra vida y se va apoderando de nuestra esencia vital, matándonos lentamente y ocupando el espacio de aquello que realmente podríamos ser.

La Invasión de los Ultracuerpos describe un futuro alienígena sin emociones“En el delicioso film La invasión de los ultracuerpos, vainas extraterrestres sin sentimientos, ni pasión, y sin capacidad de remordimiento se van apoderando de la humanidad y sustituyendo a cada uno de los habitantes del mundo por un Doppelgänger frío, obediente e insensible. No es que el mal haga de las suyas en la sociedad. Es que ya no es necesario porque ha vencido.”

A lo largo de todo el film, los aletargados aliens deambulan ordenadamente por el mundo sin emociones. Sin esperanzas. Y sin humanidad de ninguna clase. Y los pocos humanos supervivientes que quedan son perseguidos y asimilados.

De todos los males, es el peor. Porque no permite opción a réplica. Ni lucha. Al igual que los Borg en Star Trek, seres fantasma en un mundo fantasma deambulan por fantasmagóricos y siniestros pasillos que un día estuvieron llenos de vida. Poco imaginaba el escritor Jack Finney cuan certera sería su visión del mundo futuro.

Hemos pasado de una sociedad soberbia donde el machismo, la clase social, el abuso de poder y la dictadura religiosa imperaban, a otra ingrata, donde el “hago lo que me da la gana y me importa tres pimientos si a ti te hace daño o no” es el lema.

Como vegetariano desde hace más de veinte años, hace un tiempo me vi maltratado y casi insultado por una persona vegana cuya defensa de sus ideas llegaba a un radicalismo que yo jamás había experimentado en alguna discusión con gente “carnívora”. Estos podían estar en desacuerdo y hasta a veces hacer alguna broma poco acertada, pero jamás me habían faltado al respeto. Con aún más razón cuando se supone que estoy mucho más cercano a un vegano que a un carnívoro en el 90% de sus planteamientos.

Los haters campan a sus anchas en internet. Gente que se ha leído un dudoso artículo en un blog “amarillista” insulta, maltrata y ataca a cualquiera que escriba algo sobre cualquier cosa. No hace falta que sea un tema delicado, como la guerra de Ucrania. He llegado a leer insultos depravantes a una joven cocinera que daba recetas en internet sólo porque a uno de estos haters le pareció bien faltarle el respeto. Sin más. Por que sí.

Ayer me desperté a las cinco de la mañana escuchando en el piso de arriba golpes fortísimos en la puerta de entrada. Por prudencia esperé bastante rato, pero los golpes tan fuertes como para despertar a toda la comunidad no cesaban. ¡Si no llamo yo a las autoridades nadie lo hubiera hecho! Las vainas siguen su apática marcha hacia la nada.

La gente no expresa ya sus opiniones. Y lo peor de todo, les da igual. Siguen mirando Netflix.

Nada de reportajes ni cosas instructivas por supuesto. Solo violentas películas de Doppelgängers, hechas para Doppelgängers que duermen en su vaina de ultracuerpo a la espera de deambular por un mundo sin corazón. Así que si estás gastando tu tiempo leyendo esto, en un blog de Periodismo Alternativo y humanista como este, que sepas que igual que yo mismo, eres una rara avis. Probablemente incluso en vías de extinción.

El mundo se ha convertido en un baile de máscaras“Suma y sigue en este baile de máscaras. Es más fácil y exitoso tener audiencia en Youtube si tus videos son banales y orientados a mente plana. Las parejas se forman por intereses temporales y es totalmente normal esa idea de la “nueva psicología” que desvirtúa al amor romántico y pretende que los futuros hijos crezcan sanos y sensatos en familias donde la desestructuración ahora ya no se reprime. Se disfraza”

Antes, lo emocional se refrenaba y reprimía. Ahora se disfraza bajo una máscara de falsa apariencia. Y creo que en el abismo existente entre el “contigo pan y cebolla” y el “no eres tú, soy yo”. Y entre los caballeros andantes y princesas, y los personajes de “sexo en N.Y.” debería haber un término medio.

Lo romántico no es malo en realidad y en su justa medida es bueno. Le da al mundo algo que necesita con urgencia: esperanza.

Pero claro, hablamos de la misma sociedad incapaz de apreciar un partido de fútbol sin tener que insultar al contrario. Sociedad de extremos que tan pronto quiere matar al contrario en el campo de juego como que vuelve a casa en su fría apatía sin volver a pensar en el tema.  Aplíquese a política, religión y cenas navideñas. De las famosas vacunas mejor me reservo la opinión, no sea que de ambas partes me lluevan las flechas.

Se puede decir que el trascendentalismo salvó mi vida. Yo que procedía de una familía católica, apostólica y romana. Que fui educado en los extremos. Que crecí en un barrio obrero y conflictivo rodeado de algunos personajes que ocuparon alguna que otra portada en los años ochenta. Y no por sus méritos precisamente.

El equilibrio y la serenidad del budismo me encarrilaron. Los libros de Thoreau, Emerson y Wayne dyer me abrieron la mente y me ayudaron a expulsar mi Doppelgänger.

Pero como se dice en el tantrismo tibetano, este camino del medio; esta senda donde se busca el equilibrio. Donde huyes de los extremos que te convierten en vaina durmiente, es como caminar sobre el filo de una navaja. Tu atención y control ha de ser constante y enfocado. Dado que caer hacia uno de los lados te llevaría directamente al abismo. Y allí, entre la niebla de la codicia, la mezquindad y el egoísmo, se oculta la impávida y fría cara del Doppelgänger esperando resurgir de su vaina durmiente y ocupar su diabólico lugar en el mundo.

 

 

 


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