El último oso

“Me regalaron este pequeño libro con una dedicatoria escrita que decía: es un libro para niños que hará que te sientas más adulto que nunca. Y no iban desencaminados. Porque aún tratándose de literatura infantil, se nota a mil leguas que su autora procede de otro tipo de medio. El del periodismo de investigación y el desarrollo personal”

El último oso conjuga a la perfección ese bagaje periodístico y esa pasión por el conservadurismo medioambiental con esta nueva etapa de madurez en la que la británica Hannah Gold ha entrado. Siguiendo la madurez idealista de la que más o menos hablaba el maravilloso Wayne Dyer en todas sus emotivas obras.

Hanna Gold. Autora de El último oso“Se dice que somos verdaderamente adultos cuando somos capces de abrazar a nuestro niño interior. Y por lo visto, Gold lo ha conseguido después de una larga etapa de viajar, vivir en España y otras partes de Europa y finalmente encontrar el amor en su tierra natal, donde vive rodeada de animales, naturaleza y libros.”

Y sí, es un libro muy visual. Con ilustraciones y dibujos que ayudan mucho a los lectores infantiles a entender de que va la historia. Pero no son esos dibujos rápidos y de aspecto aniñado que abundan en esta clase de libros. No en vano todas las ilustraciones vienen de la mano de un verdadero artista, como los de antes. Levi Pinfold. Quien también ha realizado trabajos para las ilustraciones de Harry Potter y libros de fantasía medieval. De esa que está tan bien cuidada y perfilada.

En ocasiones he sentido como si el extraordinario Gustav Doré se hubiera pasado a dibujar para niños en algún momento de su vida y ahora saliera todo a la luz.  Está claro que Pinfold tiene mucho con que sorprendernos todavía en el mundo de la ilustración. Échale un vistazo  a El niño semilla, Black dog o la impresionante obra pictórica llevada a cabo en The dam. Entenderás a lo que me refiero.

Apenas un par de páginas de El último oso bastan para cautivarte. La lectura deja de inmediato de ser para niños y cualquier adulto con un mínimo de sensibilidad se sentirá inmerso en unas páginas sublimemente bien escritas. Donde el lenguaje es natural y posee una profundidad tal que puede pasar en ocasiones desapercibida para un niño, quien se quedará con el mensaje clave. Pero que hará meditar y analizar a un adulto de manera que no se espera.

Gold ha lanzado un dardo a la diana y ha dado en el centro.

La protagonista, April, marcha con su intrépido padre a La isla del Oso (isla que existe en la realidad y está en Svalbard) por causa del trabajo del mismo. Una isla en la que ya no quedan osos. Pero no todo es lo que parece en esta historia. Porque un extraño ser aparecerá en la vida de April y su padre y cambiará su concepción del mundo para siempre. De nuevo la inteligente Gold consigue que la magia se vuelva algo real y factible. Mucho más que creíble. Verdaderamente auténtico.

El último oso es un canto a la vida. Un homenaje a la naturaleza. Una crítica implacable contra el calentamiento global y una defensa de la vida en todas sus formas. Sí, la vida misma de la raza humana sobre la faz de la Tierra.

Todos somos el último oso. Cuando veo las noticias y como los poderosos del mundo se pasan or el forro de sus santísimos nuestra sociedad veo a ese oso en mi cabeza e imagino que es el último humano. A la deriva. Solitario y silencioso en un mundo que ha sido maltratado, abusado y explotado para la avaricia de unos pocos giliflautas que han decidido que mandan ellos más que nadie. Y que a ningún idiota obediente de los que les rodean se le ocurre sacar a manotazo limpio de su sillón lleno de mugre.

El último oso. Una oda a la vida en la Tierra“El último oso me llena tanto de esperanza como me indigna. Me llena de esperanza que haya gente que mantengamos la esperanza como la maravillosa Hannah Gold y sus deliciosos personajes.”

Y me revienta bastante que todavía a día de hoy, dejemos que haya subdesarrollados cerebrales tomando decisiones por nosotros en su palacio de cemento. Rodeados de sus lujos inútiles que -como profetizaba el Gran jefe indio Seattle– un día se darán cuenta que no les sirven para comer.

Es triste. Mucho. Que incluso para mantener vivo y funcionando este humilde rincón de Periodismo Alternativo y humanista, haya de cargar algunas partes de la web de publicidad que es la que paga las facturas. Que remedio. Tiene bemoles la cosa.

Gracias por el regalo. Gracias infinitas a quien me brindó la oportunidad de leer esta maravilla y descubrir como -aunque estemos bajo el yugo de los tontos- cada vez somos más despiertos en pos de un mundo mejor. Donde los osos, los alces, las aves, los delfines y los seres humanos podamos seguir viviendo en paz.

Bueno, todo el tiempo que el astro rey nos deje seguir haciéndolo. Que ese es tema más científico y ya es asunto para otro artículo.