Tú ya eres abundancia

Alguna gente parece querer buscar la abundancia de una manera desesperada en oraciones, misticismos y esoterismos mágicos rogando y pretendiendo forzar a Dios, el Universo, la Fuente universal, o como más te apetezca llamarlo, a que le de algo que parecen interpretar que Dios les retiene y no les quiere dar.

Como si ese Dios todopoderoso tuviera una sala repleta de cosas buenas que queremos y que guarda bajo llave y sólo nos las da si obedecemos unas leyes que pusieron otros hombres hace cientos o miles de años y que aseguraron que habían sido dictadas por él.
Bueno, es posible, no digo que no. Pero si analizamos esto desde el punto de vista del trascendentalismo -es decir, la espiritualidad lógica y analítica- es más bien improbable.

“Lo que nos dicen las tradiciones espirituales más antiguas. Desde los textos vedas, el Bhagavad Gita, el canon Pali budista o la propia Biblia, es que la gran conciencia Universal. Dios. La Fuente. Ya nos ha concedido todo aquello que necesitamos para triunfar en la vida. No se ha guardado nada. No nos ha retenido nada. No nos ha negado nada.”

Lo que pasa es que el ser humano, ciego e infantil, sigue pidiendo cosas materiales al Universo como si de un catálogo de Amazon se tratase.
Y cuando pides, es cierto, recibes. Si quieres pan, recibes los conocimientos para hacerlo, cocinarlo o conseguirlo. Si pides dinero, se te dan manos, inteligencia y capacidades para generarlo. Y si pides una casa, se te dará la capacidad de construirla, o los conocimientos y capacidades que te permitirán comprarla. Porque -abre ya los ojos de una vez- LOS DONES DE DIOS SON ESPIRITUALES.

Tú ya eres abundancia. Se te ha concedido un cuerpo, una mente, un alma y la capacidad de tener deseos. UTILÍZALOS.

La Fuente Universal no funciona como un supermercado. No es física. Es como su nombre indica, universal. Espiritual. Y no retiene ni se queda nada. Te lo da todo. Si tú, en tu ignorancia, egoísmo o temor, decides no utilizar tus dones, es normal que sufras.

Pretender visualizar un Ferrari cerrando los ojos y que aparezca porarte de magia es de locos. Pero si utilizas los dones que se te concedieron para tener ese deseo y los pones a trabajar, tarde o temprano encontrarás la manera de que el Ferrari esté en tu garaje.

Si te quedas en tu trabajo de 8 horas diarias que no te gusta cobrando siempre lo mismo por miedo, estás negando tus dones. Estás pidiendo pan, pero cuando se te da la opción de cocinarlo te da miedo dejar la mesa en la que te sientas por si te quitan el sitio. Y así, solo comes los restos y migajas de pan que van quedando por los alrededores y que otros ya no quieren.

Una vez más el trascendentalismo te dice cosas que seguramente no te gusta oir. Pero es mejor despertar de un bofetazo y salir de las vías del tren antes de tiempo, que no ser arrollado por un mercancías mientras seguimos tirados entre los raíles maldiciendo nuestra suerte. Pies en el suelo, y alma en el cielo. Siempre es la clave.

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