Ginebra. La ciudad de los sueños 🕰

“No importa si se trata de invierno crudo y gélido. Ni si es verano caluroso y asfixiante. Si hay un lugar donde liberar nuestra mente y ascender a cotas donde el apacible verde calme los ánimos, ese lugar es la maravillosa y elegante Suiza”

Y si una ciudad destaca por ser un lugar mágico allí, esa es Ginebra. La ciudad de los sueños. La viva imagen de un pequeño país que ha sido durante siglos un bastión de seguridad e independencia como ninguno otro en la historia de occidente.

Por alguna razón quizá mitológica, los astros se confabularon a favor desde el inicio de los tiempos para que el bienestar y la calma se dieran cita en un enclave tan único como paradisiaco. Algo que para un alma trascendentalista como la mía, resulta tan atrayente como la propia luz.

Las montañas de Suiza fueron clave para la cultura celta“Los celtas fueron los primeros en descubrir los beneplácitos de una tierra llena de recursos incluso en los fríos y blancos días de invierno. Allí, protegidos por la frontera natural de las montañas francesas y abrigados por las lindes del lago Lemán y el Ródano, las diferentes civilizaciones fueron aposentándose de manera casi imperceptible.”

Y se afianzaron hasta hacer de aquellos parajes un lugar pleno de vida; donde la civilización y la naturaleza llevan siglos caminando de la mano.

Todo ello queda patente cuando al llegar a Ginebra, el viajero tiene la oportunidad de visitar el Parque de los Bastiones. Esa curiosa mezcla casi ancestral, es en realidad un paraje de estructura pseudo-artificial que se halla situado en lo que una vez fue el primer Jardín Botánico de la ciudad.

Emplazado junto al famoso lago, acoge un curioso ajedrez gigante a tamaño natural y sobretodo una de las construcciones modernas más impresionantes del país en forma de muralla. Los ginebrinos se enorgullecen de haberlo erigido en homenaje a los reformadores protestantes que lideraron dicha reforma.

El verde predomina dondequiera que vayamos en Ginebra. Trascendentalismo puro regado por la naturaleza. Y es que si de algo puede presumir este pequeño y rico país es de su naturaleza y la abundancia de jardines. Sobretodo en Ginebra.

El Jardin Anglais,(jardín inglés) es un homenaje a la República Helvética. Las estatua de ambas mujeres que representan a la ciudad y el país respectivamente, rinden pleitesía a la verdadera dueña del lugar; la madre naturaleza. Ella acoge en su seno una variedad autóctona y foránea de hasta 6.300 especies de plantas, además del famoso Reloj de Flores, un curioso homenaje a la fundación del pequeño estado y al objeto más famoso del país.

Ginebra es una ciudad de ensueño“Hay ciudades que se llevan la palma de la fama como ciudades románticas por excelencia. Pero sin ánimo de desmerecer a Paris o Venecia, Ginebra les gana la batalla por la sencillez de sus parajes, la majestuosidad de su naturaleza y el encantador misterio que envuelve esa mezcla de tradición, modernidad e historia en un único enclave.”

El nuevo jardín botánico, el MAMCO (Museo de Arte Moderno) y hasta la fábrica donde se alberga el Museo del Reloj, tienen todos una relación directa con esa maravillosa naturaleza.

No faltan algunos enclaves históricos importantes como la pequeña Catedral neo-gótica de San Pedro, de confesión protestante y que data del siglo XII. De ella se comenta que fue el seno espiritual de Jean Cauvin –alias Calvinus– quien fue el impulsor de la reforma religiosa en Suiza.

La comida en Ginebra es elegante, sofisticada por su influencia francesa y de arraigados sabores por su otra influencia importante, la germánica. Los ginebrinos se toman todo de manera bastante solemne y por supuesto la comida no podía ser menos.

Si podemos permitirnos el lujo de no caer en los restaurantes clásicos de comida internacional del famoso “Pasquis” descubriremos los sabores tradicionales más auténticos y personales. El casco antiguo es el lugar idóneo y es digno de visitar al anochecer, donde los aromas, sabores y luces crean un ambiente de notas medievales casi onírico e inolvidable.

Recomendable: Disponer de dinero en efectivo. Algunos restaurantes y comercios no aceptan tarjetas. Por alguna razón, el paraíso fiscal suizo tiene algún inconveniente con este tema. Además, salir de restaurantes no es precisamente barato.

Imperdible: Visitar Carouge. Un barrio-ciudad con un encanto propio.

Interesante: Asistir al Jet d’Eau. Un chorro de agua de 140 metros que es un símbolo ligado a la ciudad.

Si tienes tiempo: Date un paseo por el Pasquis. Un pequeño “Soho” pero con un toque de elegancia francesa.

Pernoctar: Los hoteles y hostales son todos recomendables por calidad. Pero como todo en Ginebra es caro. Para el turismo ajustado o turismo de mochila es recomendable buscar albergues. Son limpios y mucho más cómodos que los nuestros. Un camping en las afueras de la ciudad con tienda o bungalow, es más que recomendable. Los suizos llevan años de adelanto en este tema.

Un consejo: Suiza no forma parte de la UE, por lo que deberás hacer cambio de moneda. No confies demasiado en los establecimientos que aceptan el euro. No acostumbran a tener paridad en el cambio. Haz caso a un buen consejo de Periodismo Alternativo, concienzudamente buscado, experimentado en persona y por lo tanto, bien informado de primera mano.

🇨🇭¿Te gustaría visitar Ginebra?

 

 

 


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