La importancia de ser humano

El gran Charles Dickens nos deja una reflexión maravillosa en su frase: Jamás debemos avergonzarnos de nuestras lágrimas, son la lluvia que barre el polvo cegador que cubre nuestros corazones.

Hay como una inexplicable tendencia entre la gente que se interesa por el mundo espiritual moderno, a pretender aparentar estar siempre por encima del bien y el mal. Hacer ver al mundo que nos rodea, que nuestra espiritualidad es tan elevada y somos tan sabios, que los problemas no nos afectan y siempre estamos bien.

Eso es una falacia. Un churro más grande que la Sagrada Familia. Porque si hay algo que nos hace humanos, son nuestras debilidades. Y de esas debilidades, con esfuerzo, dedicación y Fe, nacen las fortalezas que nos harán mejores. Que harán que aún reconociendo que nos comen por dentro las ganas de gritar, pegar o insultar, escogemos la paz en lugar de ello.

Mi venerado Wayne Dyer decía tener una frase en el salpicadero de su coche donde podía leerse “Puedo escoger la paz en lugar de esto”. Él era consciente de los enfados que le arrastraban cuando se encontraba en un atasco, o algún indeseable de los muchos que hay se cruzaba por delante saltándose un semaforo.

Y esa es la importancia de ser humano. No pretender aparentar ser un Buda iluminado que está más allá de las circunstancias. Sino aceptar que nos llevan los demonios muchas veces. Que la tristeza nos invade. Que no podemos con todo. Y aún así, escojer la paz por encima de todo.

Y quizá esa sea la clave del trascendentalismo. Que lejos de ser una pose moderna para aparentar felicidad y misticismo, es una compilación de filosofías que nos ayudan a afrontar mejor -con los pies en el suelo y el alma en el cielo- los devenires de la vida diaria.

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