Los cuentos ¿Juego de niños?

“Los cuentos. Algo que en el día a día de las gentes humildes se pensaba inicialmente con la intención de entretener. Pero que en un trasfondo ancestral poseía la clara pretensión de plasmar en el inconsciente de las nuevas generaciones una realidad exterior que tenía fundamentos muy tangibles.”

Los arrieros, viajantes y buhoneros que transitaban por aquellos caminos de Dios, eran, al igual que las abejas cuando extienden el polen, los encargados de transmitir estas historias de pueblo en pueblo y de paraje en paraje.

Historias que luego se expandían por entre las tradiciones de aquellas gentes. Lo hacía mediante la voz de los cabeza de familia y que quedaban fijadas en la memoria. Y así, ser contadas tiempo después a las generaciones que los continuaban.

Resulta lógico pues, encontrarse un mismo cuento relatado de cientos de formas heterogéneas en distintas culturas. Ya que al tratarse de una tradición oral, cada cual adoptaba su visión de la historia aportando su pequeño grano de arena a la misma.

De esta manera, algunas anécdotas reales llegaban a convertirse en leyendas y algunas leyendas se llegaban a asumir como realidades en una simbiosis cultural en la que muchas veces se perdía la pista entre los hechos veraces y los inventados.

Pero es que esto es así desde que abrimos las primeras páginas de las crónicas bíblicas, sin ir más lejos. Allí nos encontramos con que algunos de esos conatos de cuentos empiezan a despuntar en los mismos cimientos y albores de la humanidad.

Para los hebreos, la crónica de Adán y Eva,bien podría ser la equivalente herencia de alguna de las primeras tradiciones orales de los primeros pueblos de la India donde prácticamente desde siempre se han relatado las historias con un trasfondo de crecimiento evolutivo y espiritual.

La anécdota india de Hanup y su hermano Bata podría tener una moderada relación con la historia bíblica en la que se cita a la serpiente -según el hinduismo la portadora de la disgregación- como la principal culpable de los males de la humanidad.

“De la India también se exportaron al mundo árabe y mediante éste al mundo occidental, narraciones como las mencionadas en Las mil y una noches, que se remontan a épocas muy remotas y que tienen como misión primordial enderezar el camino espiritual y psicológico del ser humano.”

Es más, si nos fijamos incluso en algunos chistes actuales populares, veremos que detrás del humor moderno, se hallan muchas de las tradiciones clásicas del lejano oriente.

Por ejemplo, sirva como muestra el famoso chiste de la mujer que busca una moneda bajo un farol cuando la moneda en realidad se ha perdido en su casa.  “La busco aquí porque aquí hay más luz” dice la mujer a la pregunta de sus convecinos que la ayudan sin suerte en la búsqueda.

Lo contamos de forma divertida y lo asumimos en nuestra cultura de calle olvidando que lejos de ser un común chiste anecdótico, le precede una primitiva idea evolutiva en relación con la ignorancia espiritual del ser humano y su necesidad de autoconocimiento.

También en el místico y antiguo Egipto podemos encontrar el rol del contador de historias.

Este curioso personaje social que ostentaba este cargo como profesión, recitaba parábolas y narraciones a los trabajadores para que apartasen sus pensamientos de los malos espíritus y ayudarlos a desempeñar un trabajo correcto.

Esto tiene su equivalente en los conventos cristianos. Donde incluso a día de hoy, es costumbre que un hermano encargado de ello lea a los demás en ciertos momentos del día los relatos de los santos más famosos.

De esta forma se espera evitar que los acólitos aparten el pensamiento del recto camino de entrega a la búsqueda de Dios. Evitando contaminar su mente con el peligro de concentrarse sólo en placeres mundanos.

Esopo, ya en el siglo VI a. C. relataba sus parábolas en forma de historias que luego se incluían por ósmosis en el folclore popular. Dando lugar a futuras narraciones que serían recopiladas y readaptadas siglos más tarde por algunos de los más famosos escritores de cuentos de la historia.

Pero sin duda alguna, desde Las mil y una noches, pasando por Caperucita Roja hasta Alicia en el País de las Maravillas, todos los cuentos tienen una doble connotación moral. Ya sea para enarbolarla o para criticarla, dependiendo del escritor o cuentacuentos en cuestión.

Si nos atañemos por ejemplo al famoso cuento de Caperucita Roja, nos podremos dar perfecta cuenta de cómo el mundo onírico relata el despertar sexual incontrolado de la adolescencia. El contador de historias presenta aquí al lobo como el instinto irrefrenable e indecoroso de un hombre hacia una joven virgen que flirtea con unos primeros escarceos que en la sociedad de la época resultaban condenables.

La sexualidad en los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano, era impúdica a los ojos del puritanismo religioso occidental. Y de este modo, este acto se reservaba para el futuro cónyugue fiel. El cual, en el cuento, asume la figura del leñador (adaptación tardía, por cierto, que no existía en la historia de Perrault)

A diferencia del salvaje pagano del bosque representado en la forma del lobo -que ya en tiempos anteriores había seducido a la pobre abuelita, que no tiene más remedio que vivir apartada de la familia como expiación de sus pecados- el “civilizado” leñador poseía una posición social mucho más respetable y que sí era aceptada por la sociedad cristiana y pudorosa.

También las escenas violentas, sexuales e incluso algunas que bien podrían encubrir el uso de ciertas drogas y enteógenos, resultan más que frecuentes en estos cuentos, que no dejan de ser una forma de mito tribal de paso a la edad adulta heredado de la cultura ancestral.

Y paradojicamente, esta violencia es la que se incluye de forma expresa con intención de dotar al cuento de la presencia moral que anteriormente citábamos.

El mal, el ogro, la bruja o el lobo, son los elementos disgregadores que intentan apartar al ser humano de su elección evolutiva. Y tienen mucho de su origen probablemente en la idea de la rebelión angélica que nos cita Enoch en su libro inspirado.

Son pues los malos, al igual que los ángeles rebeldes, los personajes que tienen la misión de ser los inspiradores desde el mundo oscuro, los miedos nocturnos, lo salvaje, la exaltación de las normas y lo sexual.

Pero al mismo tiempo -al igual que aquellos ángeles cuando se unieron a las hijas de los hombres- representan lo consciente, lo que se separa de la unidad, lo analítico y crítico.Lo que cuestiona. En definitiva representan en cierto modo los propios pilares de la ciencia. Sirva de ejemplo el arquetipo de Frankestein como alegoría del hombre como padre-creador, por ejemplo.

En Enoch, capítulo VIII, observamos como los ángeles rebeldes inician esta disgregación espiritual creando lo que el propio Enoch denomina la revolución del mundo. Donde estos ángeles rebeldes enseñan las artes de la guerra, el sexo y la seducción a las hijas de los hombres y a sus propios descendientes, desencadenando así la cólera de Dios.

Algo que bien podría ser el elemento mágico unificador que aparece representado en los cuentos por las artes mágicas del hada de turno.

Es obvio que la labor educativa y modeladora del carácter futuro del niño que escucha el cuento es clara. El cuento está rebosante de arquetipos que el contador debe saber dirigir para la correcta educación y la justa asimilación de una personalidad equilibrada que encaje en la sociedad coetánea.

Es decir, el cuento expone todo aquello que el ser humano lleva dentro, e intenta mostrar el modo constructivo de sacarlo a la superficie.

Para que esta labor sea fructífera, los cuentos necesitan ser muy definidos en su expresión. Los malos deben ser extremadamente malos y los buenos deben ser muy buenos, exagerando así las diferentes cualidades y defectos del ser humano. E intentando dejar claro que el respeto a las normas de desarrollo espiritual es el único camino que lleva el triunfo.

Aunque no sea precisamente un cuento, la extraordinaria lírica expresiva de Wolfram Von Eschenbach (IX a. C.) en su poema Parsifal, nos relata un símil del camino iniciático al que se refieren los cuentos.

La torre en la que se encuentra el grial y que es representada por diferentes escalones en las que constantes elementos mágicos desafían al buscador, desde un león hasta agrestes montañas coronadas por un cuervo, la presencia solar, el dragón y la serpiente (que simbolizan las pasiones a las que debe enfrentarse un caballero), determinan esa idea que pretende hacer del cuento un camino de iniciación.

Esta torre bien hubiera podido ser el castillo de La bella y la bestia. Un lugar donde muchos de estos factores se dan cita antes de que la protagonista pueda acceder a la torre. Allí donde la bestia se halla encerrada y esconde un alma noble que a nadie ha dejado ver antes. O también la pequeña casa de los enanitos de Blancanieves, de donde ésta tiene que partir hacia el reino de los muertos para nacer de nuevo y poder dar el paso de niña a mujer adulta.

El propio Carl Gustav Jung (1875-1961) habla de esto en una de sus obras en las que manifiesta que la imagen del caballero o príncipe convertido en animal o monstruo encuentra la salvación gracias a la intervención de una joven doncella, representante del inconsciente o ánimus que se torna consciente.

La primera vez que un psicólogo decidió hacer un estudio riguroso del mundo de los cuentos fue en 1928. Vladimir Propp editó aún a riesgo de tener en contra a toda la sociedad psicológica el libro Morfología de los cuentos. En el que se detenía a analizar concienzudamente muchos de los cuentos populares eslavos más conocidos. A partir de Propp, otros muchos estudiosos del mundo psíquico se decidieron a hacer lo mismo con relatos y cuentos de alcance popular, llegando a todas estas sorprendentes deducciones que hemos expuesto.

Jung, un enamorado de la antropología psicológica dedicó varios artículos y obras a este tema. Y Bruno Bettelheim (1903-1990) publicó una interesantísima investigación en su libro: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Según todos ellos, el cuento es necesario, para una formación coherente de la personalidad. Ya que para dominar los traumas del cambio que se producen en el crecimiento, el niño necesita saber que ocurre en su subconsciente y encauzar su visión de la vida.

Para terminar, quiero mencionar una de mis sagas cinematográficas favoritas, donde toda esta cosmogonía piscológico-espiritual se da cita en diferentes, variadas y riquísimas formas.

En Star Wars, prácticamente todos y cada uno de los trasfondos y tópicos asociados a los cuentos toman vida. Y lo hacen para emocionar al espectador y trasmitirle sin apenas caer en la cuenta, una serie de valores humanistas y de marcada tradición orientalista.

“Cada personaje, escenario e historia se lleva al campo personal de manera tan sutil y magnífica, que el mensaje del cuento arraiga con la fuerza de un ciclón. Impactando primero en el subconsciente individual y después en el subconsciente colectivo. Pasando el testigo de padres a hijos y de generación a generación. Con el apoyo de las nuevas películas, series e historias alternativas que van creando el universo galáctico más famoso de todos los tiempos.”

En la sección de los bonos extra que se incluyen en su última serie hasta la fecha en que escribo estas líneas “The Mandalorian”, el equipo filosofa. Y dedica una distendida tertulia a hablar no sólo de su trabajo y aportación en la serie en sí, sino de todo el universo Star Wars en general. De su significado como moderna cosmogonía del cuento y del impacto humanista, psicológico y cultural que en varias generaciones ha tenido.

En una de esas charlas, comentan de como a todo el mundo le encanta disfrutar de las ambientaciones casi mágicas. De como se disfruta de los efectos especiales, de la variedad de detalles que cuenta la saga en tema tecnológico y de lo espectacular de sus imágenes, localizaciones y personajes.

Pero al final, en cierto momento de la charla, todos coinciden en un mismo punto. Lo que de verdad dota de poder a Star Wars, lo que la hace única e inmortal es su humanidad. El trasfondo espiritual, iniciático, místico y que transcurre en paralelo a la evolución de sus personajes.

El auge y la caída de los Jedi a manos del ángel caído Anakin Skywalker. La trasmutación de Yoda como maestro ascendido. La llegada de Obi Wan a la iluminación a través del sacrificio. Y sobretodo la figura de Luke como el redentor. El Galahad artúrico que en un momento de la lucha renuncia a la violencia y deja su destino en manos de un poder superior. El salvador que restaura sin armas y con su simple comprensión, un mundo que parecía destinado al caos irremediablemente.

La humanidad. La necesidad de trascendencia individual y colectiva que forja a los héroes cotidianos. Ahí reside el secreto de Star wars.

Pero también es el mismo secreto que podemos encontrarnos en la trilogía Matrix. O la búsqueda de la propia identidad en Blade Runner. Donde la clásica cuestión de ¿existe algo más que esta vida triste, gris y solitaria? sale a la luz.

No, los cuentos no han muerto. Se han modernizado. Y es en esas pequeñas joyas cinematográficas y televisivas donde, desde la penumbrosa y chamuscada chimenea hasta un confortable salón con wi-fii, se ha trasladado la vieja conciencia. Y también la consciencia. La necesidad de trascender y dejar nuestro legado de moral, ética y conocimiento a las futuras generaciones. Quienes, entre juegos e imaginación, construirán las bases para las sociedades del mañana.

 

 

 



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