¿Milagros de Dios o milagros del hombre?

Abraham Maslow, Ralph W. Emerson, el Dr. Joseph Murphy, Carl Gustav Jung, Wayne Dyer….

“Todos ellos relacionados de un modo u otro con la filosofía del trascendentalismo y el espiritualismo de claras influencias orientales, tuvieron bienintencionadamente parte de culpa a la hora de sembrar la semilla que, años más tarde, redundaría en muchas de las tendencias que otros autores más “esotéricos” y mediáticos de la actualidad han utilizado como base para sus planteamientos.”

Algunos de los cuales han creado un auténtico imperio de seguidores que tan pronto se sienten emocionados y alucinados ante el descubrimiento de que los seres humanos podemos crear “milagros” en nuestra vida, como que éstos se convierten en detractores cuando sus resultados distan mucho de ser aquello que ellos creían que se les había prometido.

Pero en realidad ninguno de los anteriores autores mencionó jamás -o si lo hizo fue desde el escepticismo- nada que incitase lo más mínimo a que pudiera mezclarse la interpretación de su filosofía junto con la del mundo mágico y esotérico.

Con todos los respetos para quienes creen en dichos temas, por descontado, pienso simplemente que son cosas diferentes. Así que es necesario saber que en realidad, el trascendentalismo es una praxis con una férreas convicciones espirituales de claro enfoque humanista. Las cuales se argumentan sobre escritos clásicos y  creencias, disertaciones e interpretaciones de auténticos académicos de la filosofía oriental y occidental. Y en muchas ocasiones, no pretenden más que ser una alternativa filosófica práctica a la ya tradicional línea religiosa de turno, que es siempre más inflexible, rígida y ortodoxa. Alguna clase de opción heterodoxa que sirva de cuestionamiento de las instituciones religiosas instauradas.

Ni en mis libros -que probablemente se cuenten entre los más heterodoxos y desentonados del trascendentalismo- ni en los libros de ningún trascendentalista, es en absoluto probable que encuentres ideas referentes a cosas relacionadas con la “Ley de la atracción“, la visualización como método de conseguir materializar cosas en nuestra vida desde la nada, ni la utilización de métodos mágicos de ninguna clase para acelerar ninguna clase de creación.

Y si en alguna ocasión rozamos el tema, siempre lo haremos mencionando tales cosas a título ilustrativo y con un cierto grado de escepticismo. Como meros métodos de apoyo psicológico que en realidad no poseen poder de ninguna clase por sí mismos. Ya que para el trascendentalista, la abundancia plena se halla en el desarrollo de la misma. Me explico.

Según muchas de estas nuevas ideas mágicas como la “Ley de la atracción“, los seres humanos pareceríamos ser títeres del destino. Nacemos sin nada y hemos de conseguir que alguna especie de epifanía ocurra en nuestras vidas para ser felices y alcanzar la prosperidad. Como si alguna clase de Dios severo se guardara nuestra felicidad y prosperidad esperando que demos los pasos correctos para conseguirlas. Y que si no visualizamos ni creemos en dichas leyes no hay nada que hacer. Nos espera un futuro sombrío y de pobreza.

Pero para el trascendentalista no es así. Ya que la creación es pura armonía y generosidad.

Nos otorga todo, absolutamente todo aquello que podamos lograr dentro de las leyes que rigen el Universo, por mero y simple derecho de nacimiento. Y si no estamos viviendo una vida feliz, próspera y abundante es porque no estamos utilizando los recursos que se nos han dado. Bien porque no sabemos cómo utilizarlos, bien porque no sabemos donde enfocarlos, o bien porque dejamos que otros dicten las reglas y cuando nos damos cuenta estamos dentro de una realidad de la que cuesta mucho salir.

El trascendentalista, a diferencia del esotérico, cree que existen dos tipos de milagros. Los milagros de Dios -llámalo Fuente Universal, Madre Naturaleza, Universo, o como te apetezca- y los milagros del hombre.

Sobre los milagros de Dios no tenemos poder ni decisión. Dios decide el cómo y el porqué y no poseemos capacidad de entendimiento para nada más que aceptarlos y agradecerlos cuando acontecen. Y ahí sí que quizá podemos intentar aprovechar el poder de la oración y esas “visualizaciones” a las que se refieren los autores de la “nueva era“. Pero sólo para informar a la divinidad de nuestros deseos e intenciones. No depositar únicamente sobre eso toda nuestra esperanza, Ya que como afirma la maravillosa frase de Sören Kiekergaard cuando nos dice aquello de que “la oración no cambia Dios, pero sí cambia al que la reza“, nos da una pista de que en realidad debemos poner mucho de nuestra parte en la vida si queremos resultados. Lo cual nos lleva de hecho a la visión trascendentalista del tema.

Si los milagros de Dios -también llamados de vida- están exclusivamente en sus manos. ¿Donde queda el libre albedrío del que hablan las religiones, filósofos, iniciados y escrituras?

Esos,  son los que precisamente llamamos milagros del hombre. Se nos ha concedido capacidad de creación y libertad para ponerla en práctica. A diferencia de otros primates, no nos limitamos exclusivamente a imitar y perfeccionar. Creamos por voluntad y discernimiento propio. Somos los dioses de nuestras creaciones. De ahí que exista el arte, la literatura, la tecnología y todas esas cosas que otros animales -hermanos del hombre- no han conseguido desarrollar.

“Tenemos los recursos naturales del mundo. ¡Un planeta lleno! Tenemos manos, mente, habla, cuerpo y una absoluta e insuperable capacidad de adaptación, y aún más, de transformación del entorno y medio. Si sales a la calle y ves la locura que hemos creado, podrás comprobar hasta que punto somos capaces de crear milagros. Aunque algunos nos lleven al límite de nuestra humanidad y riesgo de la autodestrucción.”

Esos no son milagros de Dios. Ahí la Fuente Universal no ha tenido voz ni voto. Ya nos dio las capacidades para crear todo eso y no se metió en las creaciones que estábamos realizando. De eso trata el libre albedrío. Recuérdalo la próxima vez que te preguntes “donde está Dios” ante los problemas del mundo. Porque quizá la pregunta adecuada a hacer sería ¿Donde está la humanidad ante los problemas del mundo? ¿Quien ha causado el hambre? La deforestación, las guerras, la hambruna, la superpoblación. No ha sido Dios precisamente. Sino los dioses humanos con su capacidad de creación.

Es por eso que debemos ser muy cuidadosos con los milagros que pretendemos crear, porque ya puedes ver que son posibles en tanto que sean creados siguiendo la ley de ese “libre albedrío” del que hablamos.

Si necesitas dinero, por ejemplo, me parece maravilloso que medites, visualices y hagas todas esas cosas mágicas en las que crees. No tengo nada en contra. Pero si quieres resultados tangibles, más te vale que pongas a trabajar tu intelecto, tu tiempo y tus manos. Ya sea buscando trabajo, estudiando para ello, creando un nuevo negocio, o estableciendo la manera de generar ingresos económicos. Porque Dios no te los va a dar.

Los dones de Dios son espirituales. Ya te dio lo que te hacía falta y no se va a meter más en el tema.

Así que te va hacer falta pasar a la acción. Crear. Hacer. Levantarte para ir a buscar clientes. No se, lo que sea necesario para conseguir ese dinero u otro cualquier aspecto de la vida en que necesites uno de esos milagros. Es así la única forma en como funciona. Y si prefieres esperar sentado a que alguna especie de acto mágico venga a solucionarlo por ti, más vale que te armes de paciencia, porque eso no va a suceder. Y acabarás con un enfado de campeonato como acaban la mayoría de los que intentan solucionar sus problemas sólamente desde la parte mental.

“Para la cosmovisión trascendentalista del universo, se te ha concedido ya todo lo que necesitas en la vida para alcanzar tus sueños y ser próspero y feliz. No te falta nada. Tienes tus manos, tu cuerpo, mente y recursos en este planeta para hacerlo. Así que has de pasar a la acción y con el apoyo de las fuerzas universales, trabajar para alcanzar tus metas.”

Los milagros del hombre se diferencian de los de Dios porque no son metas imposibles de lograr que acontecen por obra y gracia de la providencia de un día para otro. Sino que son cosas que están ahí, y que puedes alcanzar con tesón, conocimiento, esfuerzo y voluntad. Y también meditación y visualización, claro. Pero sólo como método para apaciguar tu mente y enfocar tus pensamientos.

La meditación es un don espiritual.

Y la visualización tambien. Y como asevera la tradición budista Mahayana en palabras del iluminado Atisha, sirven para discernir: “Si no lográis las cosas que deseáis, mantened una mente feliz y relajada.

Y ambas cosas sirven para entender. Para apaciguar la mente y el alma de quien las practica. Y orientar lo que luego serán nuestros actos hacia aquello que deseamos alcanzar. No consigue cosas per se. Y no tiene base ni lógica de ninguna clase que sea de otra manera. No, si realmente queremos trascender a la razón final de nuestra existencia.

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