NAMÖ

Cuando escribí La Melodía de la vida y acepté finalmente la idea de que mi carrera musical no tenía porque seguir enfrentada con mi carrera como antropólogo y como buscador de respuestas a los enigmas trascendentales de la vida, comenzó a rondar por mi mente la idea de crear alguna especie de “banda sonora” -por llamarlo de algún modo- que diese aún más sentido al libro y fuese un complemento inspirador a la hora de leerlo.

No quería que fuese nada de rock, pues para eso tengo una carrera de más de veinticinco años creando e interpretando canciones de ese tipo. Y ya tienen suficiente carga emocional como para poder relacionarlas. No tenía sentido comenzar nada nuevo pudiendo utilizar lo que ya tenía.

Pero interiormente algo me decía que todo esto necesitaba un desarrollo propio. Y por alguna razón, en mi cabeza rondaba la música instrumental y ambiental que tantas veces había escuchado como oyente acérrimo del programa de Radio 3 “Dialogos3” del magnífico periodista Ramón Trecet.

Pero si has leído mis libros y conoces un poco mi modo de ver el mundo, sabrás de sobras que creo a pies juntillas en todo lo que escribo y que jamás haría un libro que no resonase totalmente con mi filosofía de vida. Así que tampoco me apetecía ponerme a crear simples atmósferas instrumentales sin lógica sólo para que pareciese que se había hecho algo genial que de esta manera formase parte de un plan de marketing bien orquestado. El hecho de no tener que responder ante editoriales ni discográficas multinacionales me ha dado siempre una fama bastante discreta. Pero me ha concedido el don de tomar decisiones a mi gusto y poder primar la calidad y la honestidad por encima de todo.

Razón por la que La Melodía de la vida es un libro trascendentalista y espiritual en lugar de un tratado “New age” como “El Secreto” y este tipo de libros -muy respetables pero que para nada resuenan conmigo- que tanto abundan hoy en día. Parece que tengo tendencia a escoger a menudo el camino difícil.

Con la música no podía ser menos. Porque si hay algo que para mí es sagrado, es cada una de esas notas mágicas y maravillosas que salen de un instrumento. Y la aún más mágica posbilidad de interpretarlas en un escenario ante un público al que podrías cambiarle la vida. O por lo menos arreglarle un mal día y que vuelva a su casa mejor de lo que vino al concierto.

Soy cantante y guitarrista. El piano no es lo mío, de momento. Así que me dispuse a proponerle a mi siempre paciente y sufrido productor y amigo de alma; Miquel Cellalbo -quien produce maravillosamente todos mis discos de rock desde hace varios años- embarcarnos en algo que pudiera cumplir las expectativas que una edición como esta requería.

Empezamos a trabajar sobre conceptos que incluían las llamadas “Frecuencias Solfeggio“. Las cuales son en realidad tonos específicos interpretados de manera cadenciosa y progresiva que buscan mejorar y fomentar la elevación anímica y espiritual. Y que algunos estudios de la musicoterapia afirman que impulsan la mejora y equilibrio de muchos de los aspectos de la salud física y mental.

Lo que pretendían ser un par de temas a medio camino entre la música “modal” tipo Windham Hill y la música ambiental, acabó siendo todo un álbum con un tema compuesto específicamente para cada capítulo del libro. Intentando captar musicalmente la esencia de lo que allí se narra. Y el hecho de que yo fuese el autor del libro ayudó muchísimo a la hora de crear tal concepto.

Así nació el proyecto Namö. Porque una vez llegados a este punto, la música había tomado vida propia y ya caminaba -al igual que todos mis proyectos- solita y sin ayuda. Pero siempre muy cerca de sus hermanos mayores. Los demás proyectos que le dan sentido a este Universo Ian Lints, y que hacen que funcione en armonía orbital. Como si de un imaginario sistema planetario invisible de ideas y conceptos se tratase.

Más temas han ido llegando. Y más que llegarán. Y puedes escucharlos y adquirilos todos -si quieres- en la página Bandcamp oficial de Namö. Música llena de vida, para elevar la tuya hacia lugares maravilosos.