Resiliencia

“He visto un reportaje muy curioso que aún sin tener relación con el tema que quiero tratar, ha sido un potente detonante para hacerme pensar en ello. En el programa hablaban sobre la evolución de los mamíferos. Y hablaban de un pequeño mustélido que vivió entre la desaparación del período triásico y el avance del jurásico. El Megazostrodon

Y resiliencia es lo primero que trajo a mi mente su increíble historia de adaptación evolutiva. Ya que si hay un verdadero abuelo de la humanidad, ese fue sin duda ese pequeño y hocicudo animalillo que sobrevivió a los dinosaurios y acabó por dominar la tierra en tan variadas y diferentes formas.

La resiliencia es una manera moderna de denominar a la capacidad de enfrentarse a las situaciones“Se le llama resiliencia al arte -mejor la capacidad- de extraer algo positivo y beneficioso de las situaciones de la vida que en principio se nos presentan negativas.
Parece que se da de manera natural en algunas personas. Y la ciencia ha comprobado que aquellas que tienen un pensamiento resiliente alcanzan un nivel de vida más próspero. Tanto en términos económicos, como de salud,
relaciones y de consecuciones personales.”

Por lo visto, esa disposición mejora la toma de decisiones y evita la procrastinación. Lo cual lleva a un resolución mejor de los conflictos y por ende una vida mucho más satisfactoria.

En el caso de otras personas, la consecución de esa resiliencia no viene de manera natural. Es fruto de la observación y el análisis. En mi caso años de mucha filosofía, razonamiento y ponderación. También de mucho estudio del budismo y las ciencias orientalistas. Todo en pos de llegar a ver la vida desde un punto de vista bastante equilibrado y resiliente. Tarea nada sencilla y que aún hoy me cuesta muchos esfuerzos en según que situaciones.

Porque ese camino -cuando no se da de forma natural- no es algo sencillo precisamente. Y porque por cuestiones de la vida, ya sean familiares, económicas y del grupo social con el que cohabitas, hay personas que se  nos hemos de enfrentar a situaciones más variopintas que otras. Y lidiar con ellas con mayor complejidad. Quizá sea cosa del Karma. Quien sabe.

Pero sea como sea, el premio de sentir un estado de paz interior lo más permanente posible no tiene precio. Aunque por lo visto, a esto ahora ya no se le llama “tener paz” ni “sentirse bien”, sino Resiliencia. Bienvenida sea.

La ciencia moderna (admirables, todo hay que decirlo) tienen por alguna razón esa divertida costumbre de renombrar cosas que ya estaban nombradas hace mucho por otros. Otro tipo de académicos de lo tradicional que en su día vieron las cosas desde otro punto de vista. Entiéndase filosofía, trascendentalismo o simplemente ética. Pero parece que el nombre científico suena mucho más “Kitsch” para los psicólogos de hoy en día. Al igual que llamar Mindfulness a la milenaria y práctica meditación de toda la vida.

En tiempos difíciles, hasta ser resiliente con las manías de la modernidad es imprescindible. Siempre que nuestra libertad individual permanezca y nuestro sentido crítico se respete, que le llamen como quieran a las cosas. Lo bueno de la resiliencia es que te permite adaptarte a los cambios, inconvenientes y mutabilidad del mundo y seguir a la par manteniendo tu visión del mundo y adaptarla a tu propio ritmo.

Resiliencia. Sacar lo positivo de las situaciones contrarias“Al fin y al cabo, lo importante de verdad es sentirse bien. Siempre y cuando la denominación científica que ahora parece ser una moda, no se convierta en una imposición. Porque dicho sea de paso, ya estamos comprobando últimamente como esas imposiciones que se dan “por nuestro bien” son igual de dañinas que el mal que inicialmente pretenden combatir. Y de ahí a la distopía social hay un paso.”

Porque el conformismo y la capitulación pueden a veces ser confundidos con resiliencia. Y en nuestro afán de fluir con la corriente de la vida, podemos caer en el error de dejar que otros decidan por nosotros aquello que más nos conviene. La resiliencia mal aplicada beneficia mucho a las ideas dictatoriales y totalitarias.

De hecho, la gran reforma del budismo Mahayana, es evolucionar un paso más en ciertos aspectos que en el Hinayana pueden interpretarse como pasivos. Y dar más control sobre la propia liberación al individuo. No es extraño que entre los tibetanos se encuentre el mayor número de ascetas solitarios que habitan la soledad de las montañas.

Me da que esto de la Resiliencia, ya lo practicó el pequeño Megazostrodon hace doscientos millones de años, cuando prácticamente todos los animales que no podían sobrevivir en galerías subterráneas  se extinguieron.

Y es que el pequeño roedor, fue el primer mamífero de la historia y fue capaz de practicar la Resiliencia hasta el punto de salvarse de la extinción y dar lugar a todos los mamíferos que existen en el mundo. Incluídos nosotros, por supuesto. Gran sabiduría y capacidad la del ratoncito. Probablemente la misma que han tenido filósofos de todas las épocas y culturas.

Ah! ¿Que dices? ¿Que se llama adaptación? Pues si va a ser eso, le llamaremos de esta manera en nuestro pequeño ricón de Periodismo Alternativo y humanista.

 

 

 



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