El Santo Grial. La copa de la inmortalidad 🍵

“De todas las leyendas que rodean la vida de Jesús, la copa en la que bebió su último sorbo en la famosa cena sagrada, se lleva la palma por encima de cualquier otra. Su incógnita ha inspirado leyendas, novelas y películas de Hollywood. Fue fervientemente buscada por reyes y emperadores. Y hasta fue una obsesión de gloria del tercer Reich durante la segunda guerra mundial”

Porque se dice que el Santo Grial es la copa de la inmortalidad. Pues su leyenda lleva adjunta la mística romántica que posee la figura de Jesucristo. A la sazón, el hijo unigénito de Dios y verdadero mesías de Israel según el cristianismo.

El Santo grial es el caliz donde José de Arimatea salvaguardó la sangre de Cristo“Relativo a prácticamente todas las religiones monoteístas; teólogos, arqueólogos, historiadores, filosofos, espiritualistas, iluminados de la “new age” o sectarios. Defensores todos ellos o detractores según se tercie, es indudable que a lo largo de la historia de todo Occidente y gran parte de Asia Menor, la búsqueda de la fuente de la eterna juventud en forma de Caliz sagrado crístico ha despertado a partes iguales la obsesión por desenmarañar el misterio más grande de todos.
¿Quienes somos?”

En el cristianismo todo cobra mucha más fuerza por la carga esotérica que la figura de Cristo alcanzó en una época de oscurantismo que se antojó muy larga. Tanto en su alta como en su baja edad.

Tantos siglos de parón evolutivo social -que hasta entonces había ido siguiendo una cierta línea ascendente- fue, efectivamente una puñalada trapera al conocimiento, la ciencia y las libertades de todo tipo. De pensamiento, culto y derechos humanos.

A cambio, fue caldo de cultivo para la superstición y el esoterismo clandestino. El folclore que mezclaba a partes iguales algunas de las olvidadas tradiciones místicas espirituales, la prohibida medicina tradicional, el obligado culto a la iglesia y su ostentosa imaginería era campo abierto para la imaginación y la fabulación.

La sensación de magia y misterio debían estar a la orden del día al entrar en cualquiera de aquellos castillos. Lugares en lo que el ruido del viento quebraba el silencio y parecía hablar como si fuesen voces de otrora tiempos pasados. Igualmente con los monasterios, abadías e iglesias. Y más tarde también catedrales que jugaban magistralmente con la luz, el sonido y el silencio. De manera tal que incluso las modernas y ponderadas gentes de hoy aún nos estremecemos al visitar sus desgastadas ruinas. Nos sentimos minúsculos ante la majestuosidad de aquel misterio.

Y con toda esa fuerza mística, los poetas, trovadores y filósofos ayudaron a germinar una cosmovisión del mundo. Que a muchos buscadores de gloria, fortuna y fama empujó a aventurarse en gestas, proezas y empresas que de una forma u otra les ayudase a alcanzar la inmortalidad.

Me resulta interesante pensar que cierta sensación de vivir un permanente relato de Tolkien en el que en realidad nunca pasaba nada verdaderamente especial más allá de batallas, epidemias y aspiraciones de gloria, debía ser algo habitual en la cotidianidad de aquellas gentes.

Bebiendo de todo aquel ambiente místico, el archiconocido novelista norteamericano Dan Brown se valió de una de estas leyendas atribuida a los Cátaros. Leyenda que empieza a cobrar protagonismo a principios de la baja edad media y toma fuerza a lo largo de los siglos posteriores entre poetas y pensadores del renacimiento.

Una creencia basada en la ascentral idea de que el vientre de la mujer es comparable con una copa menstrual sagrada. Y que en ella reside la sangre que pasando de generación en generación, guarda la carga genética de todos los que nos precedieron. Lo que viene a ser el ADN, vamos.

¿Es la progenie de Cristo y Maria el verdadero santo grial“A través de esta creencia mística se especula con que el famoso Santo Grial no haría sino referencia a una deformación idiomática. Y que originalmente vendría referirse claramente a una línea familiar de “sangre real”. La cual sería descendiente directa de la prole engendrada por Jesús de Nazareth y –siempre según esta teoría- la que finalmente fue su esposa en vida, María Magdalena.”

Como efectivamente demuestran muchos de los análisis en profundidad de los exegetas e historiadores, lejos de ser la sencilla meretriz de la que tan mal hablan los evangelistas, esta mujer sería una destacada mujer. Representante de una casta ciertamente respetada. Las tejedoras de Migdal Ṣabʿayya. De hecho, una casta algo elitista y próspera de la época en Jerusalén.

Pero a fin de cuentas, una casta que por el mero hecho de estar formada por mujeres fue ignorada y hasta menospreciada en muchas de las escrituras. Algo que los historiadores condenan y que parece que, efectivamente, se contradice a la vista de los hallazgos arqueológicos de los reveladores Manuscritos del Qumram.

El famoso novelista, no inventa nada nuevo, por supuesto. Su curiosa obra bebe de muchas fuentes. Y una de ellas es el famoso y curioso libro de H. Lincoln, M. Baigent y R. Leigh titulado El enigma sagrado. Un libro de corte histórico-esoterista, que ofrece a la par, tanto rigurosos datos empíricos, como las más absurdas teorías imaginables sin ninguna posibilidad de ser demostradas.

Pero como siempre, el gran vacío histórico entorno a la vida de Jesús, permite cualquier clase de hipótesis respecto a su persona.

Y la imperiosa necesidad de demostrar su divinidad por parte de los sectores interesados hace que cerebro y corazón batallen. Todo en pos de encontrar un difícil equilibrio a caballo entre la figura empírica de Jesús y el Cristo de la fe.

La teoría que supone un “ADN real” heredado por la dinastía de los Merovingios en los primeros días de una Francia caballeresca en expansión, tiene toda su base en un primer texto clave. Editado ni más ni menos que en el cristianísimo siglo XII. Joseph d’Arimathie, del poeta francés Robert de Boron -autor de poemas como Merlin, la muerte de Arturo y al parecer, una revisión del Parsifal de Esenbach- cuenta cómo un Jesús resucitado se aparece ante su fariseo amigo. Y allí le da en mano el cáliz o copa en el que bebió en su última cena. Ordenándole llevarlo a la isla de Britannia, donde se supone que estará a salvo del poder de Roma.

En este punto y con ese simple gesto, nace de manera oficial el romanticismo y la gesta caballeresca en occidente. Y es desde ese momento que las leyendas comienzan a recoger diferentes anexiones. Y así, después de años las historias comienzan a ordenarse de forma más o menos literaria.

Se cuenta que fue este Joseph quien tras su crucifixión, recogió la sangre del hijo de Dios en la misma copa en la que bebió por última vez. Y que a su vez, por ósmosis, esta tomó para sí todas las divinidades y poderes del Cristo. Se afirma incluso que adquiriendo la capacidad de conceder la vida eterna a quien bebiese de él un simple sorbo.

La búsqueda del Grial fue una constante de la literatura medievalChrétien de Troyes -prácticamente el padre de la novela medieval- en su narración Perceval, le conte du Graal, sienta las bases. Abre la puerta para que el propio Esenbach y Boron den lugar al origen de un
Grial Santo o “San Graal”.
Y es esta etimología del francés con influencias occitanas y romances el que se presta a cierta interpretación histórica. Una línea de sangre entre divina y principesca, mezcla de la realeza merovingia y la divinidad heredada por los supuestos hijos de Jesús.”

Aunque la iglesia tradicional reconoce su importancia y de hecho se contemplan varios posibles cálices que podrían ser la copa física real en iglesias de Génova, Hungría, Viena, Irlanda y hasta Valencia; en la historia han sido más bien los grupos heterodoxos relacionados o no con el papado los que dieron al Grial su imagen de misterio y objeto sacro-mágico.

Los caballeros de las órdenes del Temple y Teutónica valoraban la reliquia sobre todas las demás. Y no son pocas las teorías, hipótesis, novelas y leyendas que aseguran que lo encontraron y veneraron en Tierra Santa y que fue la codicia por la santa reliquia la que llevó a la disolución de la orden. De nuevo volvemos a ser atrapados por la literatura.

Historiadores, grupos de poder dentro y fuera de la iglesia, millonarios excéntricos y un obsesionado Heinrich Himmler en sus expediciones nazis en plena guerra mundial. Todos han gastado esfuerzo, tiempo e infinidad de recursos en intentar encontrar la copa que ofrece la inmortalidad y el conocimiento.

Pero en un blog de trascendentalismo y Periodismo Alternativo como este no podía por menos que incidir en la visión jungiana de todo este mito. Porque según la visión arquetípica de Jung, el Santo Grial es ante todo y sobretodo la representación de la psique a la búsqueda del conocimiento.

En la esencia de la historia –como todo en el ciclo Artúrico medieval- reside la verdadera fuerza del Grial. Que no es la copa en sí, si no que se encuentra en el acto de la propia búsqueda. En la superación de los estratos de la conciencia que convierten al caballero buscador noble e inquebrantable, en un ser más evolucionado, más espiritual, más en contacto con la divinidad.

La elevación del ser superior es la esencia del Grial“Es la mezcla de la tradición celta, enlazada a la tierra y la trascendencia, y la interiorista del gnosticismo cristiano a la búsqueda de la verdadera nobleza. Una nobleza que Esenbach deja muy clara en su poema. La nobleza del ser superior.”

A diferencia de lo que creían aquellos obsesionados buscadores de reliquias pangermanistas no se trata de un ser superior como raza elegida. Ni de un Superman de habilidades suprahumanas que emulen a los héroes de la antiguedad. Ni mucho menos uno suntuoso o predominante por encima de otros cómo ellos pretendían vanagloriar.

La verdadera inmortalidad, es la inmortalidad del alma, de la psique, de una mentalidad más abierta y en contacto con la esencia de la naturaleza.

El verdadero hombre superior al que se referían los antiguos, porta en su propio camino de búsqueda trascendentalista la esencia del Cristo. Su humildad y su mansedumbre. Su sabiduría y su cosmovisión de una sociedad espiritual y armoniosa. En definitiva, el ser superior es uno más evolucionado, elevado, capaz de comprender la esencia espiritual y psíquica del universo, que diría el propio Jung.

O cómo diría su gran discípulo, el psicólogo y espiritualista estadounidense Wayne W. Dyer “La verdadera nobleza no radica en ser mejor que los otros, sino en ser mejor de lo que tú mismo eras antes”. Comprendiendo que descubrir el Grial que llevamos dentro es tarea de comprometidos caballeros en pos de un mundo mejor para todos.

 

 

 



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