Somos una anécdota

“Cada vez es más patente el hecho de que para despuntar en cualquier campo hoy en día, has de rozar o entrar de lleno en el ámbito de lo absurdo. Y esto es aún más notable en el mundo de la comunicación, el arte, el cine y la música.”

Somos una mera anécdota. Un suspiro imperceptible en la gran inmensidad de la existencia. Aunque nosotros nos creemos lo más de lo más, por supuesto. Pero la realidad es que nos hemos vuelto prepotentes. Y cada vez más tontos. Y no lo digo yo. Un estudio de la universidad nacional noruega publicado en la Proceedings of the National Academy of Sciences advierte claramente de como nos encaminamos como sociedad hacia el famoso efecto Flynn.

La creación de la belleza honesta, la información veraz, la información clara y precisa ya no bastan. Para destacar en las redes sociales, un músico no le es suficiente con hacer canciones de calidad, con letras que puedan aportar conciencia y crítica social. Ha de subir contenidos que no tengan nada que ver con su música y a ser posible vulgares, ridículos y simplones. Cualquier gurú del coaching te dirá que si quieres destacar has de ir por ese camino.

“Para ser un o una modelo exitoso/a, a una hermosa persona no le es suficiente con subir unas fotos a sus redes sociales y mostrar su trabajo. Ha de subir videos haciendo el idiota o participar en un programa sin escrúpulos donde un puñado de ignorantes sin conocimiento juzgarán si merece o no ser quien es. ¡Como si una vida de privaciones en comida, vida social, dormir y aprendizaje en la dificilísima carrera de modelo no fuese bastante!”

Y así en todos los órdenes. No hay más que ir a cualquier canal de YouTube para ver como alguien con probados conocimientos de emprendeduría y finanzas. O alguien con sobrados estudios y preparación en desarrollo personal, ha de salir haciendo el monigote o incluso vender enormes cortinas de humo con las que adornar lo que realmente sabe. Porque si no, los algoritmos de la inteligencia artificial lo van a relegar al olvido.

Y ha de pasar por el aro. Por que si no, en su lugar, alguien que no sabe hacer la o con un canuto se pasará de listo y se abrirá un canal enseñando lo mismo que él pero con miles de seguidores. Pero enseñando mal por supuesto. Guiando como un ciego a otras ovejas ciegas hacia un hoyo que acabará en desastre tarde o temprano. Tiempo al tiempo.

Pero genial, en serio. Nuestras cuentas siguen llenándose de números en el banco. Somos la bomba. ¡Los reyes de la creación universal!

Y todo esto viene a colación de un programa de televisión en el que hace unas horas he visto claramente como todo un señor periodista hacía un innecesario y gratuito bailecito ridículo al más puro estilo “moulin rouge” para subir la audiencia. Numerito escrito sin duda por alguno de los listos de turno. Y he visto a ese pobre hombre fuera de lugar, incómodo. Se notaba de una hora lejos la mentira que le estaban exigiendo interpretar.

Pero nada, hay que seguir sí o sí los dictados de la todopoderosa A.I. (Artifical Intelligence). Obviando aquella parte del nuevo testamento en el que el Cristo reprocha a los sacerdotes que el Sabath se hizo para el hombre, y no el hombre para el Sabath. O parafraseándolo; la A.I. se hizo para la humanidad y no la humanidad para la A.I.

“La inteligencia artificial es un gran invento, por supuesto. Un avance maravilloso para el mundo. Pero como todo en la vida, depende de quien esté detrás de ella.  Porque sencillamente, la A. I. es neutra. No tiene especial interés en llevarnos hacia el cielo o hacia el infierno. Simplemente analiza los datos de los usuarios y recomienda que aquello que más se busca, se ve, o se compra, es tal o cual cosa. Es decir, te informa. Punto”

Tenemos libre albedrío. La A.I. no es un dios con sabiduría absoluta. No entiende ni le importa que es mejor para el ser humano. Sólo analiza lo que hacemos y nos informa. La gente ve y compra más o menos aquello o lo otro. Muy útil para invertir en bolsa y hacer el necesario marketing. Me parece perfecto. De la venta se vive.

¡Pero eso no significa que utilizar esa información para ir a lo fácil y cómodo esté bien! Ni que haya que seguir esos dictámenes por muy beneficiosos que puedan parecer inicialmente. Existe una cosa llamada ética. La razón clave de la existencia de este blog de Periodismo Alternativo.

Porque sin ética, tarde o temprano se girará la tortilla y el campo para el caos estará servido.

Esto es puro trascendentalismo. Thoreau habría ardido en llamas de impotencia viendo los tiempos que corren.

Olvidamos que somos una anécdota para el mundo. Tememos que llegue el fin de la existencia y hacemos películas catastróficas que ponen todo patas arriba mientras los inútiles políticos de turno se llenan la boca discutiendo o no sobre las amenazas para el “fin de la civilización”.

Y al fin y al cabo solo será eso. El triste y penoso final de una civilización. Porque el mundo continuará. Tal y como describe el gran Alan Weisman en su libro “El mundo sin nosotros“. Después de sacudírsenos de encima como simple pulgas, el planeta seguirá su curso y otras formas de vida ocuparán el lugar de lo que hoy es. Somos una mera y simple anécdota.

“Aposté por abrir esta web de Periodismo Alternativo para escapar en la medida de lo posible de la dictadura de los algoritmos de las redes sociales. Donde no puedes opinar amablemente sin recibir la amenaza de algún desequilibrado. Donde poner un post con un video de Pink Floid es perder el tiempo porque no lo miran más que tus cuatro amigos. El resto (miles de ellos) están mirando un idiota en calzoncillos bailando en una cornisa. ¡La raza superior!”

Cuando era niño soñaba -iluso de mí- una sociedad futura como la de Star Trek, la nueva generación. Y temía terriblemente una sociedad como la de 1984.

Pero por desgracia la primera no parece estar demasiado cerca. Aunque por suerte parece que la segunda tampoco. Porque mira tu por donde, los que mandan son los tontos. Y va la A.I. y con su ingenua perfección encima les ayuda. Aunque no es su culpa. La culpa es de quienes hacen caso y siguen al rebaño.

Y en realidad, tampoco es que tenga nada en contra de que se publiquen personajillos en calzoncillos en una cornisa por ridículo que sea. Ni que un papagayo que baila samba tenga miles de seguidores en su propio instagram.

Lo que me impresiona es que sólo se consuma y obliguen a consumir esas ridiculeces. El resto de temas de interés ha dejado de tener valor. Y hasta encontrarlo en las redes se ha vuelto difícil.

Es decir. Lo que de verdad tiene o tenía importancia, ya no la tiene tanto. Y si quieres enseñar matemáticas ya no importan las matemáticas, sino que la clase la de el papagayo de antes. Ya no importa si tu canción, cuadro, o libro son buenos y ayudan al mundo. Importa que éste entre dentro de las directrices de venta establecidas. Aunque sea un churro copiado de otro churro.

Nuestro poder de decisión, lo único que nos quedaba, empieza a desvanecerse e importar cada vez menos. No se. ¿Lo próximo será ir todos ir agonizando por las esquinas porque está de moda ser tuberculoso?

Como decía el maestro Wayne Dyer. Cuando sigues al rebaño, tarde o temprano acabarás pisando sólo excrementos. Y de esta manera, la anécdota que somos en este mundo se encamina cada vez más a acabar siendo un mero chiste. Y bastante malo, por cierto.

 

 

 



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