YO

Decir el nombre Ian Lints, es conocer quizá la faceta pública de un cantante y compositor de rock apreciado y bastante seguido en los circuitos independientes de la música.

Ese soy yo. Como músico y periodista, toda una vida entre escenarios y medios de comunicación. Pero también una vida cabalgando entre melodías y acordes que reflejan desde siempre, mi inclinación hacia la espiritualidad y la filosofía. Algo que se enfatizó aún más si cabe con mi interés por la antropología y la filosofía.

Y ha sido en mi faceta más desconocida como antropólogo y periodista, que a lo largo del tiempo y con dedicación, me he adentrado en el mundo de las creencias. Me desvinculé de mis ideas sociales preconcebidas y me acerqué por lógica curiosidad a las filosofías orientales. Fusionando todo ello con mi pasión por las ciencias y la física, el trascendentalismo de Thoreau, la psicología de Jung, la mística de San Francisco, la teología y la filosofía clásica. He navegado entre muchas aguas.

Desde bastante joven, devoraba los libros del grandísimo Wayne Dyer prácticamente con la misma pasión con la que me inundaba el espíritu con absolutamente toda la discografía de Springsteen. Día sí, día también. La mayor de las veces, ambas cosas al mismo tiempo.

Sin saberlo ellos, se puede decir que en cierta manera estos dos grandes personajes fueron mis maestros más destacados, y el reflejo humanista y honesto en el que he querido verme reflejado toda mi vida.

Mi faceta de antropólogo al igual que la de músico, me permitió -y aún lo hace- colaborar de diversas y variopintas maneras en diferentes medios de comunicación.  Como periodista, tuve la fortuna de entrevistar a un sinfín de historiadores, antropólogos, filósofos, escritores y pensadores que me aportaron puntos de vista muy amplios enriqueciendo mi modo de ver la vida. De hecho, así fue como nació mi libro “La melodía de la vida“.

Y fue gracias a ese libro que por azares del destino tuve la fortuna de conocer otro maestro al cual ya respetaba y seguía la pista literaria desde hacía tiempo; Francesc Miralles. Escritor, periodista, ensayista, pensador, viajero y un excepcional pianista, por cierto.
Siguiendo su filosofía del Ikigai -que él mismo descubrió en Japón y ha divulgado en occidente con acertado éxito- me regaló su amistad y su tiempo repasando y analizando mi manuscrito. Y ya de paso me regaló también un prólogo brutal para el libro. Sin pedir a cambio más que el placer de ayudar a que la cultura de la honestidad tenga su espacio en el mundo.

“Hace unos veinticinco años decidí lanzarme a vivir exclusivamente de la música. Algunas veces con pena y otras con gloria. Pero el  Rock&Roll me ha dado siempre tantas buenas experiencias que por alguna razón ridícula, nunca quise exprimir mi faceta, digamos “intelectual“, de manera profesional. Al menos no más allá de algunas colaboraciones en medios de comunicación y poco más.
Me parecía incompatible que un artista de rock fuera por el mundo dando moralinas espirituales de ninguna clase, y siempre guardaba esta manera de ver el mundo para las letras de mis canciones y mis momentos privados en compañía de mis amigos del Tibet residentes en Barcelona, a quienes debo tantos momentos de aprendizaje del gran arte de la sencillez.”

Pero fue Miralles precisamente quien me abrió los ojos y me instó a no sólo darle salida a esta parte trascendentalista mía en forma de libros, charlas y artículos de desarrollo personal. Sino, contrariamente a lo que yo pensaba, fusionarlo sin miedo y sin ningún rubor con mi carrera como artista de rock. En su prólogo tan maravilloso escrito en mi libro “La melodía de la vida” lo explica y se entiende perfectamente por qué.

En unas breves líneas; mi amigo me había dado una lección sublime de desarrollo personal que jamás olvidaré.

Los últimos tres o cuatro años han sido de muchos cambios para mí en muchos aspectos. Y todos y cada uno de ellos me han reafirmado en mis creencias y me han otorgado la prueba de vida que necesitaba para saber que, efectivamente, estaba finalmente en el camino correcto para mí.

Alguien me dijo hace poco que yo parezco -sin pretenderlo- seguir los pasos de algunos de aquellos renancentistas multidisclipinares que tan pronto pintaban un cuadro, como componían una obra musical. Diseñaban un jardín botánico, como que inventaban la más inesperada y probablemente inservible maquina revolucionaria de la época. No se yo…

“Lo que si sé, es que en cierta manera, soy un buscador y un aprendiz incansable. Me encanta estudiar, aprender, crecer, saber y conocer cuanto más mejor. Considero que es la mejor manera de darme cuenta de que al final uno no tiene la más mínima idea de nada en realidad. Pero que aún así, vivir cada minuto esta loca vida que Dios, el Universo -o como diantres se llame- nos ha dado, es divertido y apasionante.”

Y así, siguiendo el consejo de Francesc, y sin separar más de lo estrictamente necesario mi carrera discográfica de la del buscador eterno, he creado esta otra plataforma que pretende ser como una especie de canal oficial y complementario -pero a su vez alternativo- a mi web oficial de música.  Donde todo lo relacionado con mis libros, novelas, ensayos, charlas proyectos alternativos y filosofía de vida tienen cabida.

Una mínima y casi imperceptible separación, pero ya digo que estrictamente necesaria, sí.  Por mis orígenes irlandeses y mi clara pasión por la música americana, mis proyectos musicales son principalmente en inglés. Y así han de seguir siendo. Mientras que por mis experiencias más cotidianas con el mundo trascendental, mis libros y artículos periodísticos tienen tendencia a ser en castellano o catalán. Mis otras lenguas también nativas.

Así que aquí me tienes. Pensé que necesitaba un par de plataformas web para no liar demasiado los conceptos. Al igual que mis redes sociales también están perfiladas hacia un tipo u otro de contenido según se tercie. Aunque ambos proyectos sean, efectiva y finalmente, complementarios.

No se, yo creo que es un buen comienzo para una trayectoria de vida rebosante de letras, historias y canciones.